martes, 16 de enero de 2007

Como es posible q no leas bien...?

Caminé por la comuna buscando personas que me ayudaran a hacer una descripción de esta “dama de las calle”, la “hija ilustre” de los bares y la señora de la noche, la misma mujer que varias veces me detuvo en esos días de fiesta y me dedicaba minutos enseñándome maneras de sobrevivir a la noche, de vivir la vida, de protegerme de los males y demostrándome a la vez que una mujer ebria es sin dudar a dudas fuente de inspiración para artista y psicólogos, que interesados en su vida logran convencerse de que sujeto así es más difícil de descifrar que el mismo comportamiento de un animal salvaje. Así me iba convenciendo de lo irracional de su partida, su ida al “más allá”, siendo que ella tal vez había comprendido la manera utópica de vivir en la calle sin nada más que unas cuantas botellas bajo el brazo y unos cuantas historias que estando solamente sobria podía contar.

Llegué primero donde la mi abuela, la señora (“mi mami”) Fresia, la dueña del restaurant “El Triana”, ella me contó anécdotas sobre esta señora, la más relevante sin duda es cuando vació un vaso de vino sobre el mostrador, donde mi abuelita muestra al publico tras un delgado vidrio las imágenes de nietos y familia, es para ella esto una especie de altar, pues demuestra el cariño y devoción que siente por sus familiares. Así entendí el carácter medio impulsivo de esta señora, basado en la falta de alcohol en la sangre, pues cuando no había gota de él y a ella se lo negaban, la furia volcánica de su adicción se hacía presente. Entendible según la señora Maria Méndez que la conocía de pequeña, pues vivían en los años mozos muy cerca, me contaba que ella no quería ser alcohólica pero la muerte de su madre determino el destino cruel de su vida. Aproximadamente, sin dato certero, todos calculan su inicio en el vicio a los 32 años cuando ya tenia una hija y la fuerza de su vida (su madre) enfermo y murió.

Cuando me pregunte cómo vivía en aquellos días de invierno, cuando hacía entre -5º C o cuando la lluvia calaba hasta los techos más fuertes decidí ir donde la señora Mercedes Maulen, ella me contaba que habían noches donde debía salir alrededor de las tres de la madrugada a buscar a la “Chabelita” a los lugares más impensados, como ejemplo me dijo que una vez debió partir hasta el puente donde un taxista amigo (don Checho) la había visto ir con un hombre, el cual seguramente a cambio de un poco de placer sexual le había ofrecido algunos vasos o bien algún sueño irreal para engatusarla y tenerla a sus pies. Seguramente, dijo Mercedes, a ella también como mujer le gustaba los placeres para caer tan bajo, como aquella vez que en relatos coincidentes mi madre desde el negocio diviso a ella con hombres en la capilla de Puertas de Peumo. Yo también recuerdo ese hecho y tenía alrededor de unos nueve años, no fue un trauma eso si, pero me dejo convencido de que el alcohol puede llevar a situaciones extremas.

Luego me acorde de cómo describirla físicamente y encontré nada mejor que hablar con don Tomás Aguirre, un hombre de 42 años, un poco desconocido en la comuna pero que confié en que su testimonio sería crucial para hacer una descripción física, me dijo que ella como persona baja no invocaba miedo a una persona de estatura normal, me dijo que aproximadamente debió medir 1, 58 de estatura, de color de piel era lo más raro, porque cuando el la conoció primeramente era de tez blanca pero con el correr de los años y con bastante alcohol encima se empezó a poner casi amarilla tirada para café, su rostro era bastante arrugado y sus ojos se ocultaban bajos unas líneas de expresión que le hacían caer sus parpados hasta hacer desaparecer los ojos. Su pelo rubio era, pero la suciedad lo hacía parecer negro, aunque de vez en cuando ella llegaba al local de mi madre a pedir shampoo para lavárselo en la llave de la capilla, que por obra de ella ahora esta oculta tras un cubículo y unas cuantas llaves para llegar a ella, la razón fue que un día en la noche nos enteramos de que había dejado correr el agua, y cuando llegó la cuenta si que fue una tragedia, cosas que pasan con las curaditas, así lo definimos en el barrio.

De su vida de alcohólica podría sacar muchas versiones pero claramente llegar a una conclusión será difícil, pero hay alguien que me puede contar de esa epoca de dos años donde se la podía ver vagar por el pueblo pero sin una gota de alcohol en su sangre; esa persona es doña Adela Gutiérrez, quien con mucho dolor me habla de ella, creo que lagrimas se detienen cada vez que recuerda que aunque por todos los medios ella intento frenar ese suicidio no lo logro y el vicio venció. Me comenzó a contar como la conoció, me dijo que ella la vio una vez llorar, se acerco a preguntarle su pesar y le contó la “isabelita” que extrañaba a su madre y que sentía el haberla estado engañando al beber en demasía. Dona Adela conocía a un medico que podía sacarla de ese estado y se comunico con él, el resultado fue la “piringa en clínica”. Sólo duro 2 años y de un día para otro se la volvió ver beber. Fue decepcionante para el pueblo, pues el logro más importante se había esfumado cuando el trato de no venderle alcohol se había roto. Para Adela fue aún más, pues muchos la culparon de hacerla beber aún más al ocultar por 2 años una bestia alcohólica, que cuando volvió a beber, devoró cuanto vaso con el liquido más insano se conoce. Hoy por hoy, a doña Adela no le gusta recordar ese esfuerzo en vano y con una lagrima corriendo me dice que no quiere hablar más de aquella persona que murió de un ataque.

De su muerte, solo misterio e irresponsabilidad se puede hablar según todos, pues la mayoría la vio gritando y reclamando como nunca antes, ahora era enfermante, agonizaba y todos pasaron por su lado. No puedo mentir, yo también la ví así y creí que estaba borracha, pero la situación era distinta, estaba muriendo. Nadie sabía que ese dolor que reclamaba era un síntoma de su quizás dolorosa muerte. Sólo se sabe que la encontraron “durmiendo” en posición fetal en una terraza de una casa colonial y con una mano en su pecho y la otra tratando de llegar tal vez a la puerta de la casa de la señora que la encontró, la cual hoy no estaba. Solo de la “piringa” reconozco algo, su valor de vivir en la calle, de su ideología utópica y de sus ganas de vivir el momento. Ella era la muestra perfecta de una gozadora del carpe diem, la hija de la noche y la señora que demostró ser más que un rostro de identidad de los alcohólicos de mi comuna, y su muerte es una de las más recordadas, pues el gentío que la llevo a su ultimo lugar fue una masa humana inmensa. Sin lugar a dudas no me equivoque al elegir el rostro de este trabajo.


Loko caballo loco nunca caxo q la wea estaba mas inventada que la historia de que debajo de la cruz de peumo hay una iglesia de ORO
xD

igual piola
me salvaste con tus notas millones de veces
pero me dabas risa x tu conciencia inconciente
y tu ego desogado
jajaja



mas secretos
al regreso....



1 comentario:

Anónimo dijo...

En mis tiempos como estudianten en Peumo city, muchas veces atentó contra mi miedo la famosa "piringa".
yo. con escasos 13 o 14 años, me paseaba con un grupo de compñeros por las avenidas de la comuna, todos los dia antes de entrar a clases. Pues a menudo estos paseillos se transformaban en verdaderas odiseas, y nuestro objetivo no solo era llegar a tiempo al colegio, sino que formaba parte de nuestra aventura el tratar de pasar desapercibidos a los ojos de la Chabelita, la cual sabia de nuestro recorrido diario y nos esperaba en algun lugar clave para hacernos correr... nos esperaba con palos, piedras y cuanta cosa se le ocurriera decir. despues de gran espectaculos llegabamos entre muertos de la risa y de susto a las aulas, pero muertos al fin.
esa es mi historia.

conclusion: no era muy amorosa la señora, pero era la Piringa.

nota: el grupo con el que me paseaba asistio a su funerarl. jiji
nos fuimos de clases. valio la pena despedir a nuestra gran compañera de aventuras.


::::sibila::::